Crisis de suministros: la cadena logística poscovid

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26 de enero de 2022

La pandemia ha venido acompañada de otra crisis cuya magnitud sin precedentes debido a la escasez de materias primas en la industria ha afectado la distribución de suministros en la cadena logística.  En un momento de auge del comercio electrónico, se han vivido roturas de stocks y restricciones de movilidad junto a picos de demanda que han puesto sobre la mesa la necesidad urgente de reforzar la resiliencia y sostenibilidad de las cadenas logísticas.

Por ello, más allá del alivio que pueden traer estrategias como el nearshoring (orientadas a priorizar las opciones de suministro más cercanas y diversas, como alternativa a las fabricaciones de origen lejano), hay otros retos que  requieren de la implicación de todas las organizaciones que intervienen en la cadena. Estos retos ponen el foco en la flexibilización de los modelos logísticos basados en la filosofía JIT (Just In Time) para balancearlos hacia estrategias JIC (Just In Case) de forma sostenible, digital, mejorando la visibilidad y la trazabilidad y minimizando el impacto en caja.

Para llegar a esta mayor flexibilización, hay que poder determinar con precisión cuáles son las piezas y materiales que más valor aportan y cuál es su situación en cada punto de la cadena para así garantizar su suministro efectivo en un amplio abanico de contextos posibles. Una cadena logística que prioriza la entrega a tiempo al menor coste puede volverse opaca e inflexible -como se ha demostrado recientemente- dificultando, por ejemplo, el seguimiento de los materiales que podrían ser indicados para la reutilización, el reciclaje o la remanufacturación para implementar una cadena de suministros circular y reducir de este modo el consumo de materias primas de entrada.

Sin embargo, la obstaculización en la obtención de datos de las mercancías, ocasionada por razones tecnológicas (como la ausencia de plataformas de extremo a extremo) u organizativas (como la poca fiabilidad de los mecanismos de intercambio existentes y de la procedencia y privacidad de los datos compartidos), es una de las mayores razones que han impedido avanzar a los agentes del sector hacia este objetivo. La adopción de un lenguaje, normas y modelos de datos comunes es, justamente, uno de los caminos que pueden favorecer el reenfoque de la cadena logística en favor de una menor complejidad, que se traduzca en una mayor flexibilidad y agilidad en la toma de decisiones en las torres de control.

La superación de esos obstáculos pasa por poder establecer puntos de referencia con fiabilidad y una mayor colaboración entre agentes para afrontar los aumentos de presión en la red logística. En este sentido, la robotización de almacenes para la gestión del picking, la automatización de procesos con sensorización y redes 5G, así como el blockchain o los drones para la entrega última milla, juegan un papel muy importante en la posibilidad de hacer la cadena de suministro más flexible, sostenible y capaz de asumir escenarios impredecibles.

Así, en la medida que se extienda la adopción de procesos más dinámicos en la planificación de operaciones -basados en los avances tecnológicos y en la colaboración de las organizaciones-, la flexibilidad se incrementará en la cadena logística y también en las ventas; mejorando tanto la capacidad de detección proactiva de riesgos y oportunidades como de respuesta del mercado ante la fluctuación de la demanda, de manera alineada con las nuevas formas de consumir del cliente final y en el ámbito B2B.

 

 

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